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Intervencionismo contra Panamá | La Prensa Panamá

Panamá ha quedado sujeta a lo que sería ese nuevo concepto de intervencionismo del siglo XXI, que desvirtúa el principio de igualdad jurídica de los Estados, como también el de la reciprocidad, porque damos más de lo que recibimos, al permitirse Panamá implementar sistemas y proyectos onerosos según esas imposiciones extranjeras, pero sin pedir ni recibir nada a cambio. Pero no solo los que nos exigen no son recíprocos, sino que nos mantienen en sus listas de castigo, para entonces escuchar a los amoldables del patio y seguidores de la limpidez hipócrita insistir que, aunque aquellos no cumplan, eso no es excusa para que nosotros tampoco. Sin darse cuenta, ilusamente, de la inexistencia de estudios tangibles respecto a la amenaza, vulnerabilidad o impacto no mediáticos (mismos que han utilizado hasta para robar información confidencial y colocarnos injustamente en el ojo de la tormenta), sino reales, que demuestren el acercamiento de Panamá con las actividades ilícitas que detallan nuestros verdugos

Panamá es víctima del intervencionismo, a través de la imposición de modelos alternos desde afuera, en detrimento de un sistema legal soberano que hemos desarrollado para proteger nuestros propios recursos y ejercerlo en beneficio del interés nacional. Y la razón puede ser nuestra vulnerabilidad, propiciada por los gobiernos de turno, en materia de transparencia, rendición de cuentas e impunidad. Esta debilidad se refleja en una actitud extremadamente pusilánime y timorata de la parte panameña, en lugar de confrontar con dignidad y decisión los gravámenes que nos imponen carteles como la OCDE, el GAFI y la Unión Europea. Expliquémonos.

El índice de Percepción de la Corrupción 2021 revela que Panamá sigue muy por debajo de la media regional. Y las razones son varias: desde el ineficiente sistema de justicia y la carencia de condenas a grandes personajes del ambiente económico y político, hasta la falta absoluta de controles en las instituciones del Estado por parte del gobierno de turno frente al uso inadecuado de los fondos públicos y la toma de decisiones que debilitan la institucionalidad democrática (creación innecesaria de corregimientos, aumento indiscriminado de la planilla estatal o la contratación en el gobierno de personajes ligados a hechos delincuenciales o a la narcopolítica).

Se ha desvirtuado el principio de igualdad jurídica, pero también el de la reciprocidad, porque damos más de lo que recibimos, al permitirse Panamá implementar sistemas y proyectos onerosos según esas imposiciones extranjeras, pero sin pedir ni recibir nada a cambio. ¿Qué hace Panamá? Como no les interesa a los políticos frenar la falta de transparencia que arropa ahora a este gobierno y, asimismo, pretende mantener la justicia inoperante desde el presupuesto ínfimo que le otorga, el Órgano Ejecutivo, en contubernio con la Asamblea, desvía la atención sometiendo el sistema financiero y corporativo panameño a la voracidad de esos países, cuyo secretismo supera al nuestro con creces. Entre ellos, Estados Unidos (el más grande paraíso fiscal del mundo), Luxemburgo, Alemania, Suiza, Países Bajos y Reino Unido (todos estos del continente cuya Unión Europea nos mantiene en listas oscuras), entre otros como Japón (G7), Hong Kong e Islas Vírgenes Británicas (éste último territorio perteneciente al Reino Unido). Por consiguiente, Panamá acepta todas las imposiciones que socavan nuestra economía y que descalifican a los profesionales del derecho, de la banca y de otros sectores laborales, so pretexto de que somos poco transparentes, a pesar de que, en estos países, esas mismas reglas que nos exigen no le son aplicadas ni requeridas.

Panamá ha quedado sujeta a lo que sería ese nuevo concepto de intervencionismo del siglo XXI, que desvirtúa el principio de igualdad jurídica de los Estados, como también el de la reciprocidad, porque damos más de lo que recibimos, al permitirse Panamá implementar sistemas y proyectos onerosos según esas imposiciones extranjeras, pero sin pedir ni recibir nada a cambio. Pero no solo los que nos exigen no son recíprocos, sino que nos mantienen en sus listas de castigo, para entonces escuchar a los amoldables del patio y seguidores de la limpidez hipócrita insistir que, aunque aquellos no cumplan, eso no es excusa para que nosotros tampoco. Sin darse cuenta, ilusamente, de la inexistencia de estudios tangibles respecto a la amenaza, vulnerabilidad o impacto no mediáticos (mismos que han utilizado hasta para robar información confidencial y colocarnos injustamente en el ojo de la tormenta), sino reales, que demuestren el acercamiento de Panamá con las actividades ilícitas que detallan nuestros verdugos.

El intervencionismo continuará acosándonos mientras estos gobiernos lo permitan; peor aún, desviando la atención de su propia corrupción, clientelismo e impunidad hacia lo que denominan ahora sujetos no financieros, que poco o nada pintan en este relato.

El autor es abogado

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